Decirle mona a una persona negra es un insulto racista
Ana Irma Rivera Lassén Senadora por el Movimiento Victoria Ciudadana
Mona, fea, bruta, excreta (en su versión impublicable aquí), son algunos de los insultos que recibo de algunas personas que al parecer difieren de mí y en vez de argumentos expresan insultos indignantes y degradantes. Comienzo compartiendo mi experiencia que veo en aumento cada vez más y es preocupante por el odio y el permiso a expresarlo que alguna gente cree tiene como supuesta libertad de expresión. Algunas son personas reales y otros son personajes ficticios. En ambas modalidades también les veo en mis redes sociales, son parte de mis “seguidores de odio” usuales y constantes. De hecho, cuando salga esta columna de opinión no me sorprenderían algunos comentarios en esa dirección.
En Puerto Rico, en el pasado y hoy día, en nuestras familias, en los vecindarios, en espacios diversos, ya sean públicos, privados, gubernamentales o incluso escolares, le han llamado así a muchas otras personas negras, no importa la edad. El racismo está vivo en nuestro país y tenemos que reconocerlo. Dos de los casos más recientes que han llamado la atención son el de una jugadora de voleibol que denunció le gritaran mona en una cancha por parte de muchas personas y el de una periodista que denuncia igual maltrato hacia su persona a través de medios televisivos. Una tiene que preguntar quién acepta que suceda esto en sus espacios y en otras ocasiones quién paga para auspiciarlos. Pero siempre la gran pregunta es ¿por qué sucede
Vemos con preocupación la lenta puesta en marcha por parte del Departamento de Educación de la Ley 24, de mi autoría, Ley del “Día Nacional para la Erradicación del Racismo y Afirmación de la Afrodescendencia”. La misma no es para que se limite su impacto a un día o una semana. Por tal razón expresa que la declaración del día debe “venir vinculada a un periodo de actividades de reflexión y educación antirracista que aborde el racismo individual y cotidiano, institucional y cultural, así como la reafirmación de la afrodescendencia tanto en las agencias gubernamentales como en espacios educativos públicos y privados de todos los niveles”.
La ley responsabiliza a las diversas agencias a realizar “todas las acciones y medidas necesarias en sus respectivos departamentos para crear conciencia sobre el racismo y afirmación de la Afrodescendencia”. Al Instituto de Estadísticas de Puerto Rico le mandata “realizar todas las acciones y medidas necesarias para documentar las manifestaciones del racismo a través de la recopilación concertada de datos sociodemográficos que permitan monitorear el impacto de éstas y otras políticas públicas en función de la erradicación del racismo”. Como vemos la puesta en marcha de esta ley y su cumplimiento como política pública es un instrumento que nos ayudará a mirar de frente el racismo como pueblo y rechazarlo, igualmente mirarnos con orgullo como pueblo afrodescendiente.
Termino recordando que hace 30 años, un 25 de julio de 1992, en República Dominicana nos dimos cita cientos de mujeres de distintos países de América Latina y el Caribe en el Primer Encuentro de Mujeres Negras de América Latina y El Caribe. Esto para visibilizar la situación particular de discriminación que se da con la intersección de raza, etnicidad, sexo y género. Se formó así oficialmente la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora (RMAAD). La RMAAD es hoy un importante referente tanto en la región como internacionalmente y su gesta impulsó el nacimiento de más organizaciones que trabajan estos temas. Se propuso su fecha fundacional como una para la realización de actividades en torno a la necesidad de que las organizaciones se expresen y que los gobiernos y los Estados se comprometan con la aprobación de políticas públicas de justicia racial, política, social y económica, en conjunto con equidad para las mujeres en sus diversidades.
El compromiso contra el racismo debe ser primordialmente uno del pueblo mismo. Si usted ve o escucha que le gritan mona a una persona negra o cualquier otro insulto, no lo acepte, ni lo repita como un chiste, ese es el primer paso para cambiar.
OPINIÓN
es-pr
2022-08-01T07:00:00.0000000Z
2022-08-01T07:00:00.0000000Z
https://epaper.elnuevodia.com/article/281865827227398
GFR Media, LLC