Puerto Rico, laboratorio de pruebas
Pastillas anticonceptivas, esterilizaciones en masa, opioides y agente naranja fueron probados en la isla sin los rigurosos protocolos éticos y de seguridad que existen actualmente
MARGA PARÉS ARROYO [email protected]
Durante años, Puerto Rico ha sido blanco de experimentos científicos de múltiples medicamentos y químicos, una práctica que inicialmente se dio sin los protocolos ni lineamientos de seguridad que han ido desarrollándose.
En la década de 1960, por ejemplo, la isla se convirtió en el laboratorio mundial de la pastilla anticonceptiva Enovid. Ante las dificultades de reclutamiento que los científicos John Rock y Gregory Pincus enfrentaron en Estados Unidos, Puerto Rico fue el escenario para probar esta pastilla de alta concentración hormonal que, a pesar de causar múltiples efectos secundarios –náuseas, irritabilidad y problemas para concebir, entre otros–, fue aprobada en 1957. Más de 200 mujeres de escasos recursos y fácil enganche participaron en los estudios, impulsadas –en gran parte– por un gobierno ávido por el control poblacional.
Entre las décadas de 1930 y 1970, cientos de mujeres boricuas también fueron objeto de esterilizaciones en masa, sin co
nocer las consecuencias de esta operación a su salud y derechos reproductivos.
Mientras, entre 1956 y 1968, el agente naranja –un potente químico utilizado por Estados Unidos en la Guerra de Vietnam por sus características de herbicida tóxico– fue probado en varios municipios. Labio leporino y paladar hendido, hendiduras en la columna vertebral, deficiencias inmunológicas, trastornos nerviosos, diabetes y enfermedad de Parkinson son algunas deformidades y enfermedades asociadas al agente naranja.
En años más recientes, en 1989, Puerto Rico fue la primera jurisdicción estadounidense donde se probó el OxyContin, un opioide indicado para el tratamiento de dolor moderado a severo. En total, 90 mujeres recluidas en dos hospitales del país para cirugías ginecológicas participaron de este estudio, financiado y supervisado por la farmacéutica Purdue, creadora del narcótico.
A pesar de que parte de las participantes se quejaron del dolor antes de las 12 horas en que debía durar la dosis recomendada y necesitaron más medicación, el estudio concluyó que el OxyContin era seguro, aliviaba el dolor y su efecto duraba más que otros analgésicos de corta duración.
Esta controversia se revivió recientemente en la serie documental “Painkiller”, transmitida por la plataforma Netflix, y que trata sobre los orígenes de la crisis de opioides. Más allá de mencionar que el OxyContin (oxicodona) fue probado en Puerto Rico, retrata las prácticas engañosas que Purdue utilizó para mercadear el producto y promover que los médicos lo recetaran y en altas dosis.
Actualmente, hay una crisis de opioides a nivel nacional. De hecho, en julio de 2021, se llegó a un acuerdo legal de $26,000 millones producto de una serie de demandas a varias compañías de manufactura, distribución y despacho de opioides. El secretario de Justicia, Domingo Emanuelli, ha informado que, de ese dinero, Puerto Rico recibirá unos $100 millones, a través de pagos anuales de alrededor de $5 millones por 18 años. De acuerdo con el Departamento de Salud, el dinero se usará para esfuerzos de mitigación de la crisis de opioides, con énfasis en prevención.
LECCIONES APRENDIDAS
Consultados por El Nuevo Día, investigadores del patio reconocieron las atrocidades que se generaron décadas atrás en experimentos científicos con poca o ninguna regulación y controles. Señalaron, sin embargo, que hoy por hoy el panorama es distinto, con múltiples protocolos que velan por la seguridad de los pacientes.
“Desgraciadamente, fuimos ‘guinea pigs’ (conejillos de indias). Es un problema nacional, mundial, que refleja la falta de reconocimiento de las agencias reguladoras en el aspecto ético legal (en aquel entonces). Pero de los errores hemos aprendido y hoy es un proceso bastante completo. Te aseguro que eso ya no existe”, indicó Kenneth Ramos, presidente de la Junta de Directores del Consorcio de Investigación Clínica de Puerto Rico.
Reiteró que, en la actualidad, los pacientes son distintos a los de antes, y advirtió que siempre debe mediar el consentimiento informado. “Si los pacientes se quejan (del estudio), se para la investigación y se investiga”, sostuvo.
Amarilys Silva Boschetti, directora ejecutiva del Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico (FCTIPR), recordó, por su parte, que Puerto Rico fue el primer lugar donde se probó el OxyContin, y destacó que “las farmacéuticas llevan a cabo estudios como la FDA (Administración federal de Drogas y Alimentos) los pide”.
Según Silva Boschetti, hay estudios clínicos que no tienen representación de grupos minoritarios o solo tienen de 1% a 8% de participantes de minorías. Para contrarrestar ese hecho, dijo, hay un mandato federal que obliga a la inclusión y diversidad en los ensayos.
“Cuando los efectos secundarios empiezan a florecer, podemos entender que, quizás, esa ‘ data’ (de grupos minoritarios) no estuvo disponible (o no se incluyó) cuando la medicina se aprobó”, planteó.
Silva Boschetti coincidió con Ramos en que la investigación clínica ha evolucionado y ahora está anclada en más controles. Aun así, resaltó que, en el FCTIPR, son “muy selectivos” en los estudios en los que participan y no apoyan investigaciones en fases tempranas, sino cuando hay garantías de seguridad y eficacia del producto o fármaco.
Por su parte, Norman Ramírez Lluch, ortopeda pediátrico que dirige el Departamento de Educación del Manatí y Mayagüez Medical Center, lamentó que solo el 3% de las condiciones que afectan a los puertorriqueños han sido objeto de inves investigación por profesionales de la salud a nivel local.
“Cada raza se comporta diferente a los medicamentos y tratamientos quirúrgicos. Cada grupo étnico se comporta diferente. En la expresión del dolor, algunas culturas son más hurañas y otras más expresivas”, dijo.
Lamentó, también, que las investigaciones iniciales de enfermedades raras o de alta prevalencia en Puerto Rico hayan sido trabajadas por científicos estadounidenses, en vez de locales. “No es lo mismo que te lo cuenten a uno poderlo contar”.
De acuerdo con Ramírez Lluch, los protocolos de ética antes eran “más suaves”, pero ahora los participantes son “más conscientes”. “Pienso que éramos conejillos de indias porque no sabíamos y nadie preguntaba. Ahora, hay que cogerle permiso al paciente y se educa”, manifestó.
DESIGUALDAD DE ACCESO
Carmen Zorrilla, investigadora del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, señaló que las investigaciones clínicas brindan a pacientes acceso a terapias que aún no han salido al mercado, bajo monitoreo médico.
“No tenemos control de lo que pasó en el pasado, pero sí de las lecciones. Es nuestra responsabilidad aprender y no repetir los errores. No olvidar”, dijo, tras subrayar que actualmente hay más garantías de cumplimiento, comités de ética y supervisión, incluyendo la visita sorpresa de agencias reguladoras a centros de investigaciones.
Sobre por qué Puerto Rico ha sido utilizado para una serie de experimentaciones, opinó que no surge de la ignorancia ni la posibilidad de engaño. “No se puede decir que tenemos más estudios que en otros lugares. Todavía hay desigualdad de acceso a estudios de drogas nuevas”.
De otra parte, el doctor Héctor Pesquera se expresó en contra de que Puerto Rico siga siendo anfitrión de estos estudios.
“Ya nos han cogido en múltiples ocasiones de conejillos de indias. Las altas dosis de estrógeno (en las primeras pastillas anticonceptivas que salieron al mercado) produjeron cáncer (en muchas mujeres). No me extraña que sigan ocultando información”, alertó.
En cuanto a los opioides, Pesquera explicó que hay algunos que duran de cuatro a seis horas, provocando que el paciente vuelva a sentir dolor y la necesidad de buscar “otra cosa para el dolor”.
“Muchos pacientes fingen un dolor para conseguir estas recetas (de opioides) y luego, venden las pastillas. En la calle, hay más Percocet que en las farmacias. Están donde quiera, igual que la Xanax. No sé si es por la sobreutilización de recetas o la fabricación clandestina”, expuso.
“No tenemos control de lo que pasó en el pasado, pero sí de las lecciones. Es nuestra responsabilidad aprender y no repetir los errores. No olvidar” CARMEN ZORRILLA INVESTIGADORA DEL RECINTO DE CIENCIAS MÉDICAS DE LA UPR
PUERTO RICO HOY
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2023-08-20T07:00:00.0000000Z
2023-08-20T07:00:00.0000000Z
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